• Jun 25 2008

    ¿QUÉ HACER CON EL FERROCARRIL?

    Publicado por Mercedes Panta a las 2:46 pm bajo la categoria Noticias

    Cien años después de la llegada del ferrocarril a Quito, el panorama del Ecuador es muy distinto de lo que fue cuando la locomotora marcaba el ritmo del desarrollo del país. Hoy en día, el ferrocarril no es más que una ilusión, un recuerdo, un producto turístico o una promesa de campaña. Cuando García Moreno asumió la Presidencia de la República por primera vez (en 1861), el viaje de Guayaquil a Quito tomaba entre 10 y 14 días y, por razones climáticas, las vías estaban habilitadas únicamente la mitad del año. A partir de 1908, cuando Eloy Alfaro terminó la vía férrea, la misma distancia se recorría en dos días, pasando una noche en Riobamba. Así, durante la primera mitad del siglo XX, el ferrocarril se convirtió en la columna vertebral del país, alrededor de la cual se desarrolló toda la riqueza de la región. Sin embargo, con el trazado de nuevos caminos y carreteras, el tren dejó de ser la mejor forma de trasladarse de la costa a la sierra. De hecho, en la actualidad, el viaje desde el puerto principal hasta la capital nos toma apenas 6 horas por la carretera o 35 minutos en avión. ¿Qué hacer ahora con el ferrocarril? En los últimos veinte años hemos visto varios intentos de respuesta a esta misma pregunta. Hay quienes plantean una solución muy simple y barata: dejar que la gran obra de ingeniería y unión nacional se pierda paulatinamente después de cada aguacero y cada derrumbe. En efecto, esta propuesta ha sido sumamente exitosa puesto que ya se ha perdido más del 70% del trazado original. Hay quienes, por otro lado, plantean una segunda opción que también es muy popular por ser la más utópica: rehabilitar toda la vía, todo el material rodante y todas las estaciones y hacer que el espíritu alfarista reviva.
    “Hoy en día, el ferrocarril es rentable
    únicamente en los tramos turísticos…”
    El actual gobierno lidera esta segunda propuesta que hasta la fecha no ha logrado más que grandes aplausos seguidos de grandes desilusiones. ¿Pero, a parte de la falta de gestión, liderazgo y conocimiento en relación con el problema ferroviario, cuál fue el error del gobierno? ¿Acaso se plantearon la pregunta de qué hacer con el ferrocarril más allá de la oportunidad política que ofrecía la conmemoración de los cien años? ¿Acaso proyectaron el futuro de la vía férrea en un contexto donde su función original, que fue la de conectar Guayaquil con Quito, ya no tiene ningún valor? La gestión del actual Gobierno en relación con la rehabilitación del tren muestra todas las señales de un proyecto sobredimensionado, sobrepublicitado y mal enfocado.

    El ferrocarril no puede rehabilitarse de la noche a la mañana y tampoco debe ser rehabilitado en su totalidad. Hoy en día, el ferrocarril es rentable únicamente en los tramos turísticos. Es por eso que el potencial turístico de la vía debe ser el motor principal de la rehabilitación. Esperemos que este fracaso obligue al actual gobierno a bajar el tono de los ofrecimientos y aumentar la calidad de la gestión. Mientras tanto, los cien años de la histórica llegada del ferrocarril de Alfaro pasarán sin pena ni gloria, esperando que alguien asuma con responsabilidad el reto de su reactivación.

    Tomada de la edición impresa del 25 de junio del 2008
    Autora: Ana María Sevilla

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